Respuestas claras sobre lesiones deportivas, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. El contenido es educativo y no sustituye una valoración individual.
La evidencia disponible procede principalmente de estudios celulares y animales. Su seguridad, eficacia y aplicación estandarizada en humanos todavía requieren más investigación clínica.
Se combinan la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen. La radiografía muestra la anatomía ósea y la resonancia ayuda a valorar el labrum, el cartílago y los tejidos blandos.
Sí. El dolor inguinal recurrente, el dolor profundo de cadera o los síntomas relacionados con ciertas actividades justifican valorar una posible inestabilidad.
Puede considerarse en profesionales, participantes en deportes de contacto o personas con grandes exigencias de estabilidad. La decisión debe individualizarse.
La reconstrucción de un fascículo utiliza un injerto; la de dos fascículos reproduce las dos porciones funcionales del LCA, busca mayor control rotacional y es técnicamente más compleja.
El trote suele comenzar alrededor de los tres meses, cuando la movilidad, la fuerza, la hinchazón y el control del movimiento cumplen los criterios de recuperación.
Depende del dolor, la hinchazón, la fuerza y de si se reparó el menisco. Muchos pacientes recuperan progresivamente el apoyo y la marcha desde las primeras fases.
Los resultados generales son similares. El injerto de isquiotibiales requiere una incisión menor y puede causar menos molestias anteriores; el tendón rotuliano ofrece una fijación inicial firme, aunque puede producir dolor anterior de rodilla.
El autoinjerto es habitual en pacientes jóvenes y muy activos; el aloinjerto se utiliza en situaciones seleccionadas. La elección depende de la edad, los objetivos deportivos y el estado físico.
La prehabilitación ayuda a reducir la hinchazón, recuperar la flexión y extensión, fortalecer el cuádriceps y mejorar la marcha antes de la recuperación posoperatoria.
Por lo general conviene controlar primero la hinchazón y recuperar la movilidad. Operar con inflamación y rigidez marcadas puede aumentar el riesgo de limitación posoperatoria.
La cirugía suele programarse cuando han disminuido la hinchazón, se ha recuperado la movilidad y la fuerza empieza a mejorar. Un retraso prolongado puede aumentar el riesgo de lesiones secundarias.
Puede valorarse en personas con menor demanda física, buena estabilidad, sin lesiones asociadas importantes y dispuestas a completar una rehabilitación estructurada.
Puede indicar sangrado dentro de la articulación o una lesión importante. La valoración debe considerar el mecanismo, la exploración física y la resonancia.