Respuestas claras sobre lesiones deportivas, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. El contenido es educativo y no sustituye una valoración individual.
Si los cuerpos libres causan dolor repetido, hinchazón, bloqueos o limitación de movilidad, suele requerirse extracción quirúrgica y, en algunos casos, tratamiento de la sinovial anormal. La elección entre artroscopia y cirugía abierta depende de número, tamaño, localización de cuerpos libres y estado sinovial; después debe vigilarse recurrencia y progresión de artrosis.
Muchas fracturas de clavícula se recuperan con cabestrillo, control del dolor y movilidad progresiva. Si hay desplazamiento marcado, conminución, amenaza cutánea, riesgo neurovascular o demandas deportivas especiales, puede valorarse fijación quirúrgica. Antes de volver al deporte deben confirmarse consolidación y función del hombro.
Depende del desplazamiento, estabilidad de la mortaja del tobillo, afectación de varios maléolos y estado de tejidos blandos. Fracturas estables sin desplazamiento importante pueden tratarse con yeso o bota; fracturas inestables o desplazadas suelen requerir reducción y fijación quirúrgica.
La mayoría de los dedos en martillo agudos se tratan con férula, manteniendo la articulación distal en extensión continua durante 6 a 8 semanas. Si hay gran fractura por avulsión, subluxación articular, herida abierta o imposibilidad de cumplir con la férula, debe valorarlo cirugía de mano.
Sí. El pulgar del esquiador suele referirse a lesión del ligamento colateral cubital de la articulación metacarpofalángica del pulgar, frecuente al caer con la mano apoyada, en contacto deportivo o cuando el pulgar se abre por fuerza externa. Lesiones leves pueden inmovilizarse; rotura completa, inestabilidad clara o lesión de Stener requieren valoración de mano.
La mayoría puede iniciar tratamiento conservador: reducción temporal de gestos provocadores, medicación, fisioterapia e infiltraciones cuando proceda. Si el dolor persiste, empeora la función neurológica, hay debilidad importante o limita entrenamiento y vida diaria, se valora descompresión quirúrgica.
Las fracturas por estrés de cuello femoral, escafoides tarsiano, base proximal del quinto metatarsiano y astrágalo son de mayor riesgo, con posibilidad de fractura completa o pseudoartrosis. Si el dolor persiste con radiografía normal, la RM ayuda a evaluar; las localizaciones de alto riesgo pueden requerir restricción estricta de carga y, en algunos casos, cirugía.
La mayoría no requiere evitar la carga durante mucho tiempo. Las guías aconsejan usar soporte o vendaje según dolor y gravedad, y progresar la carga gradualmente. En esguinces graves puede usarse inmovilización corta; la inmovilización prolongada suele perjudicar movilidad y control muscular.
Sí. En personas con antecedente de esguince o riesgo de recurrencia, tobillera o vendaje pueden reducir el riesgo de otro esguince. No sustituye la rehabilitación: aún deben recuperarse dorsiflexión, equilibrio monopodal, control de saltos y estabilidad global cadera-rodilla-tobillo.
La mayoría mejora con tratamiento no quirúrgico: ajuste de carga, fortalecimiento de cuádriceps y cadera, flexibilidad, plantillas o vendaje. La cirugía rara vez es primera opción; se valora solo en casos severos, prolongados y con un problema estructural claro.
Pueden ayudar a algunos pacientes, sobre todo si hay problemas de alineación pie-tobillo, trayecto rotuliano o control motor. Las plantillas, el vendaje y la terapia manual suelen combinarse con fortalecimiento de cadera y rodilla; depender solo de tratamientos pasivos da beneficios limitados.
No se recomiendan infiltraciones repetidas de corticoide alrededor del tendón rotuliano. El tendón soporta cargas de salto y aterrizaje, y el corticoide puede aumentar debilidad y riesgo de rotura. El tratamiento se centra en manejo de carga, fuerza de cuádriceps y cadera, y ajuste de la técnica de salto; los casos persistentes requieren reevaluar otras opciones.
En general no se aconseja infiltrar corticoide dentro o alrededor del tendón de Aquiles por el posible aumento del riesgo de rotura. Se prefieren ajuste de carga, fortalecimiento de pantorrilla, plantillas o alzas y ondas de choque. Cualquier infiltración debe evaluarse con cautela.
La pubalgia deportiva suele tratarse primero con reposo, hielo, antiinflamatorios y rehabilitación de abdominales y aductores. Algunos deportistas vuelven en 4 a 6 semanas; si el dolor reaparece al retomar el deporte, puede ser necesaria valoración para reparación quirúrgica.
Puede considerarse tras confirmar el diagnóstico. El tratamiento suele empezar con reposo relativo, hielo, antiinflamatorios y rehabilitación del hombro. Algunos pacientes reciben infiltración con corticoide, idealmente guiada por imagen para mayor precisión. Si recurre o coexisten otras lesiones, se valora artroscopia, tenodesis o liberación.
En algunas roturas pequeñas, tras recibir instrucciones claras, el paciente puede combinar rehabilitación en casa si realiza bien los movimientos, controla dolor y movilidad y acude a revisiones. Si hay rigidez, dolor importante, recuperación lenta de fuerza o baja adherencia, necesita supervisión más estrecha.
Habitualmente primero se protege el tendón reparado, con cabestrillo y movilidad pasiva temprana; después se progresa a movilidad activa, y alrededor de 8 a 12 semanas se añade fuerza. El calendario exacto depende del tamaño de la rotura, calidad del tejido, técnica de reparación y protocolo médico.
Puede ayudar. La inhibición del cuádriceps es frecuente al inicio tras reconstrucción del LCA; la estimulación eléctrica neuromuscular puede complementar la rehabilitación y mejorar reclutamiento y fuerza. Debe combinarse con ejercicio activo, y los parámetros e intensidad deben fijarlos profesionales de rehabilitación.
Personas con riesgo de trombosis venosa profunda, enfermedad vascular periférica, trastornos circulatorios graves, infección activa, cáncer, enfermedad renal grave, embarazo, heridas abiertas o intolerancia a la presión del manguito deben evitarlo o usarlo con mucha cautela. Antes de empezar se necesita cribado por médico o fisioterapeuta.
Puede considerarse tras evaluación profesional. El BFR ayuda a recuperar fuerza y masa muscular con baja carga, y se usa cuando el entrenamiento temprano está limitado tras cirugía o lesión de rodilla. Requiere manguito, presión y dosis adecuados; no se debe improvisar apretando la extremidad con bandas elásticas.
No siempre. La retirada depende de dolor, irritación de tejidos blandos, limitación, consolidación, riesgo de infección y posición del implante. El material sin síntomas suele observarse; si dificulta calzarse, hacer deporte o el deslizamiento tendinoso, el médico debe valorar momento y riesgos de retirarlo.
Puede ser. Fútbol, danza y gimnasia, con flexión plantar repetida, pueden provocar dolor posterior de tobillo que empeora al ponerse de puntillas, agacharse o chutar. El tratamiento incluye reducir gestos provocadores, rehabilitación, antiinflamatorios e imagen; si persiste un pinzamiento óseo o de tejidos blandos, puede considerarse artroscopia.
Sí. El neuroma de Morton suele provocar ardor, entumecimiento o sensación de cuerpo extraño entre los dedos del antepié, peor con zapatos estrechos, carrera y presión sobre el antepié. El manejo incluye calzado de puntera ancha, almohadilla metatarsal, ajuste de carga, infiltración y cirugía en casos persistentes.
Puede ser. La lesión de la placa plantar suele causar dolor e hinchazón bajo la segunda articulación metatarsofalángica, dedo flotante o desviado, y empeora con carrera, saltos o calzado de suela fina. El tratamiento incluye reducir carga del antepié, almohadilla metatarsal, zapato rígido y fortalecimiento intrínseco; la inestabilidad o deformidad progresiva requiere valoración especializada.
Suelen priorizarse bicicleta, natación, marcha por intervalos, estabilidad del tronco y fuerza de cadera. Si al caminar aparece dolor o adormecimiento de piernas que mejora al flexionarse o descansar, debe evaluarse claudicación neurógena. Debilidad progresiva, alteración de esfínteres o adormecimiento en silla de montar requieren atención urgente.
No siempre. El tratamiento depende de síntomas, tipo de rotura, cobertura acetabular, pinzamiento óseo, cartílago y demanda deportiva. Los síntomas leves pueden tratarse con rehabilitación y ajuste de carga; si hay dolor inguinal persistente, chasquidos, limitación e imagen y exploración concordantes, se valora reparación artroscópica y manejo de lesiones óseas asociadas.
Sí. En adolescentes con fisis abiertas, un tirón muscular brusco al sprintar, chutar o saltar puede causar avulsión de la espina ilíaca anterosuperior, anteroinferior o de la tuberosidad isquiática. Si aparece dolor súbito, cojera o dolor local, debe suspenderse el deporte y realizar imagen.
Hay que reevaluar la fuente del dolor: pinzamiento óseo residual, nueva lesión labral, daño del cartílago, problema capsular, tendinitis del flexor de cadera o dolor lumbar/sacroilíaco. El manejo puede incluir ajustar la rehabilitación, repetir imagen, inyección diagnóstica y, en pocos casos, nueva valoración quirúrgica.
Puede ser un quiste ganglionar. Si no duele ni limita la actividad, puede observarse. Si causa dolor repetido, limita apoyo de manos o agarre de raqueta, comprime un nervio o preocupa mucho por su aspecto, puede valorarse aspiración o extirpación. Antes del tratamiento deben descartarse otros tumores de tejidos blandos y problemas articulares.
Puede ser. Suele causar dolor en el lado radial de la muñeca, que empeora al agarrar una raqueta, retorcer una toalla, cargar peso o usar el pulgar. El tratamiento incluye reducir gestos provocadores, férula, ejercicios de deslizamiento tendinoso, antiinflamatorios o infiltración local; los casos severos recurrentes pueden requerir liberación quirúrgica.