Respuestas claras sobre lesiones deportivas, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. El contenido es educativo y no sustituye una valoración individual.
El dolor muscular tardío comienza horas después o al día siguiente, afecta una zona amplia y mejora gradualmente. Una lesión suele causar dolor local súbito durante la actividad y puede acompañarse de debilidad, hinchazón o hematoma.
El síndrome tibial suele doler en una zona más amplia de la tibia. La fractura produce con mayor frecuencia un punto de dolor óseo localizado y puede doler al caminar o en reposo. Los síntomas persistentes requieren evaluación.
No conviene correr con dolor. Una lesión ósea por estrés temprana puede no verse en la radiografía y el médico puede solicitar una resonancia según los síntomas y la exploración.
La tendinopatía suele causar dolor y rigidez progresivos. La rotura suele ser súbita durante un impulso o salto, con chasquido, debilidad o incapacidad para ponerse de puntillas. La exploración y, a veces, la imagen confirman el diagnóstico.
Lesiona los ligamentos entre la tibia y el peroné y suele doler por encima de la zona de un esguince lateral habitual. La recuperación puede ser más larga y debe evaluarse la estabilidad.
El chasquido indoloro suele deberse al paso de un tendón sobre una prominencia ósea y no requiere tratamiento. El dolor, el bloqueo o la limitación justifican valorar el labrum, los tendones y la articulación.
Durante el crecimiento, el dolor puede deberse a tracción repetida sobre la placa de crecimiento del calcáneo. Deben reducirse carreras y saltos y valorar al joven si cojea o el dolor afecta la vida diaria.
La enfermedad de Osgood-Schlatter es una causa posible y aparece durante el crecimiento rápido en jóvenes que corren y saltan con frecuencia. Suele tratarse ajustando la actividad y mejorando flexibilidad y fuerza.
El codo de golfista produce dolor principalmente en la cara interna y el de tenista en la externa. Ambos se relacionan con uso repetido de tendones del antebrazo, aunque la rehabilitación se orienta a estructuras diferentes.
Sí. Se relaciona con carga repetida de los tendones extensores del antebrazo. Levantar objetos, usar herramientas, escribir y practicar deportes de raqueta pueden provocar dolor en la cara externa del codo.
Los chasquidos sin dolor ni debilidad pueden observarse. Si aparecen tras una lesión o junto con dolor, inestabilidad o pérdida de fuerza, la exploración debe preceder a la decisión de realizar resonancia o ecografía.
Puede indicar una rotura del tendón del bíceps, a menudo con dolor súbito, hematoma o cambio de fuerza. Algunos casos no requieren cirugía, aunque conviene valorar pronto la localización y las necesidades funcionales.
La actividad repetida por encima de la cabeza puede irritar los tendones del manguito y la bursa subacromial. Ajustar la carga y trabajar el manguito y el control escapular puede ayudar; el dolor persistente requiere evaluación.
La tendinopatía rotuliana suele causar dolor localizado bajo la rótula que empeora al saltar, correr o ponerse en cuclillas. El tratamiento se centra en regular la carga y fortalecer progresivamente.
La hinchazón recurrente puede indicar inflamación o una lesión interna del menisco, el cartílago o los ligamentos. Conviene reducir la actividad que la provoca y solicitar una valoración.
Puede causar dolor detrás de la rodilla, hinchazón o inestabilidad al bajar escaleras. Las lesiones aisladas leves suelen tratarse sin cirugía; la inestabilidad marcada o multiligamentaria necesita más evaluación.
La mayoría de las lesiones aisladas se recuperan con una ortesis y rehabilitación. Puede valorarse cirugía ante laxitud grave, una avulsión o lesiones de otros ligamentos.
Los chasquidos sin dolor, hinchazón ni bloqueo suelen no requerir tratamiento. Si se acompañan de dolor, limitación o una lesión previa, deben evaluarse el menisco, el cartílago y la articulación femoropatelar.
Entre las causas frecuentes están el dolor femoropatelar, la tendinopatía rotuliana y la lesión del cartílago. Se valoran la localización, el recorrido de la rótula, la fuerza y el patrón de movimiento.
El tratamiento quirúrgico y el no quirúrgico pueden ser adecuados. La elección depende de la extensión y el tiempo desde la lesión, la edad, la salud y los objetivos. La inmovilización funcional y la rehabilitación son esenciales en ambos.
Algunas personas todavía pueden caminar con dificultad, por lo que caminar no descarta la rotura. Un chasquido, dolor detrás del talón, debilidad o incapacidad para ponerse de puntillas con una sola pierna requieren valoración rápida.
La laxitud ligamentosa, la falta de fuerza y la alteración del equilibrio o la propiocepción pueden contribuir. Un programa de fuerza y equilibrio ayuda a reducir las recurrencias.
La reducción de la hinchazón es solo una parte. También deben recuperarse movilidad, fuerza, equilibrio y movimientos específicos sin dolor importante ni inestabilidad al correr, saltar o cambiar de dirección.
Debe valorarse si no se puede apoyar, existe dolor marcado sobre un hueso del pie o tobillo, deformidad o hinchazón y dolor intensos. El profesional decidirá si la radiografía es necesaria para descartar una fractura.
A menudo se prueban primero la modificación de actividad, la medicación y la rehabilitación. La artroscopia se valora si los síntomas persisten, la función está muy limitada y las pruebas confirman una lesión relevante.
Sí. El pinzamiento puede causar dolor al hacer sentadillas, girar o flexionar mucho la cadera. Lesiones tendinosas, labrales y otros trastornos pueden producir síntomas similares.
Pueden acompañarse de lesiones del labrum, los ligamentos o el hueso. La cirugía puede reparar o reconstruir las estructuras estabilizadoras, según la recurrencia, la edad y los objetivos deportivos.
No se recomienda intentar reducirla por cuenta propia o con una persona sin formación, porque pueden agravarse una fractura o una lesión nerviosa o vascular. Hay que inmovilizar el brazo y acudir pronto a un centro médico.