Respuestas claras sobre lesiones deportivas, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. El contenido es educativo y no sustituye una valoración individual.
Fiebre, aumento de enrojecimiento o secreción de la herida, dolor súbito intenso, hinchazón o dolor persistente de pantorrilla, dolor torácico, falta de aire, rigidez articular progresiva o una extremidad fría o adormecida requieren contactar rápido con el equipo quirúrgico o acudir a urgencias para descartar infección, trombosis o problemas neurovasculares.
La marcha diaria debe ser indolora, la sensibilidad local debe haber desaparecido, fuerza y movilidad deben estar recuperadas y, según la zona, debe confirmarse la consolidación. La vuelta empieza con intervalos de caminar y correr y aumentos semanales graduales; si reaparece dolor, se retrocede de fase.
El tratamiento se centra en reducir la carga de carrera y saltos, ajustar volumen, superficie y calzado, y mejorar fuerza de pantorrilla, control del pie y tobillo y alineación cadera-rodilla. El dolor focal, nocturno o al caminar obliga a descartar una fractura por estrés.
El pinzamiento anterior del tobillo puede aparecer tras esguinces repetidos, fútbol o danza, y causa dolor anterior al ponerse en cuclillas, subir escaleras o hacer dorsiflexión. Si la rehabilitación, el ajuste de actividad y la medicación alivian poco y la imagen muestra osteofitos o pinzamiento de tejidos blandos, puede valorarse desbridamiento artroscópico.
Sí. La luxación o subluxación de los tendones peroneos puede causar chasquido detrás del maléolo lateral, dolor e inestabilidad después de un esguince. Los casos leves pueden tratarse con inmovilización y rehabilitación; el chasquido recurrente, la limitación deportiva o la rotura tendinosa pueden necesitar reparación quirúrgica.
No exactamente. La tendinopatía aquílea media suele responder a elevaciones de talón progresivas y entrenamiento de resistencia. La insercional es más sensible a la dorsiflexión excesiva, por lo que al inicio se evitan descensos profundos del talón en escalón, junto con alzas, ajuste de carga y fortalecimiento gradual.
Pueden utilizarse en casos seleccionados de dolor crónico de fascia plantar, tendinitis calcificante del manguito, tendinopatía rotuliana o tendinopatía aquílea. Suelen considerarse cuando los síntomas persisten y la rehabilitación básica ha dado poco beneficio. Después siguen siendo necesarios el manejo de carga y el fortalecimiento.
Se utiliza sobre todo en pacientes seleccionados con artrosis de rodilla o dolor degenerativo articular, con el objetivo de mejorar la lubricación y los síntomas a corto plazo. No debe sustituir fuerza, control de peso y ajuste de carga. Las lesiones agudas de ligamentos, meniscos o problemas infecciosos requieren diagnóstico claro primero.
La osteotomía modifica la alineación de la pierna para desplazar la carga lejos del compartimento más desgastado. Se considera en pacientes más jóvenes y activos con degeneración principalmente de un compartimento. No regenera el cartílago por completo, pero puede reducir el dolor y retrasar una prótesis.
Entre las opciones están microfracturas, transferencia osteocondral autóloga, injerto osteocondral de donante, reparación con células de cartílago y técnicas con andamios. La elección depende del tamaño y la localización del defecto, el hueso subyacente, la edad, los objetivos de actividad y problemas asociados de alineación o ligamentos.
Puede reducir mucho la capacidad del menisco para repartir carga y absorber impactos, haciendo que la carga articular se parezca a una rodilla con poca función meniscal. Dolor medial, dolor en cuclillas, derrame o dolor súbito requieren valoración. Algunos pacientes necesitan reparación de la raíz para proteger la articulación.
Depende de lo tratado, como reparación del labrum, remodelado de pinzamiento óseo o trabajo sobre cartílago. Primero suelen recuperarse la marcha, la movilidad y la fuerza de la cadera; después se progresa a la carrera. Los cambios de dirección, el contacto y el entrenamiento específico requieren evaluación funcional.
A menudo se agrupa como síndrome doloroso trocantérico mayor y puede afectar la bursa, el glúteo medio o el glúteo menor. El manejo suele reducir la compresión y la carga de escaleras, carrera o saltos, mientras se mejora la fuerza abductora de la cadera. El dolor recurrente puede requerir infiltración u otras opciones.
Sí. El dolor sacroilíaco puede sentirse en la zona lumbosacra, el glúteo o la parte posterior del muslo y relacionarse con carga a una pierna, carrera, saltos, mal control pélvico o factores posparto. El tratamiento suele incluir manejo de carga y estabilidad de tronco y cadera, con imagen o infiltración diagnóstica cuando sea necesario.
La mayoría puede empezar con tratamiento no quirúrgico, reduciendo temporalmente los movimientos que provocan síntomas, controlando el dolor y trabajando el tronco y la cadera. La cirugía se valora ante debilidad progresiva, signos de síndrome de cola de caballo o síntomas persistentes que limitan seriamente el entrenamiento y la vida diaria pese al tratamiento estructurado.
Sí. Las lesiones de las poleas de los flexores son frecuentes en agarres de escalada y pueden causar dolor en la cara palmar del dedo, hinchazón, menor fuerza de agarre o deformidad en cuerda de arco. Las lesiones leves o moderadas suelen tratarse con vendaje protector y carga progresiva; las roturas graves requieren valoración especializada.
Sí. La lesión osteocondral del capitellum aparece con cargas repetidas del miembro superior o lanzamientos y puede causar dolor externo del codo, limitación para extender, bloqueos o chasquidos. Al inicio se suspende la actividad que provoca síntomas y se estudia con imagen; los cuerpos libres o lesiones inestables pueden requerir artroscopia.
Sí, en fases seleccionadas. La infiltración intraarticular con corticoide puede reducir el dolor inflamatorio inicial y la hidrodilatación capsular puede ayudar cuando la rigidez es marcada. Siguen siendo necesarios ejercicios graduales de movilidad y se debe evitar el estiramiento forzado.
Una rotura parcial no siempre requiere cirugía inmediata. Si el dolor es controlable y la pérdida de fuerza no es importante, puede iniciarse fortalecimiento del manguito, control escapular y movilidad. El dolor nocturno persistente, la debilidad clara o la progresión de la rotura justifican reevaluar una reparación.
La mayoría de los casos pueden tratarse primero con modificación de la actividad, antiinflamatorios, rehabilitación, ondas de choque o punción y lavado guiados por ecografía. Si el dolor recurre, el depósito es grande o el tratamiento conservador falla, puede valorarse la limpieza artroscópica.
La falta de sueño puede reducir la velocidad de reacción, la atención y el control del movimiento, además de interferir en la reparación muscular, la regulación del dolor y la recuperación. El deportista debe mantener horarios regulares y dormir lo suficiente para su carga de entrenamiento. El insomnio persistente, la somnolencia diurna marcada o los ronquidos con pausas respiratorias requieren valoración.
Se recomienda comenzar con 5 a 10 minutos de actividad suave y continuar con un calentamiento dinámico específico, como elevaciones de rodillas, zancadas, balanceos de piernas y aceleraciones progresivas. Los estiramientos estáticos prolongados suelen encajar mejor después del entrenamiento o en una sesión independiente de flexibilidad.
Con supervisión cualificada, cargas adecuadas, buena técnica y progresión gradual, el entrenamiento de fuerza no suele afectar al crecimiento en altura. Los principales riesgos proceden del entrenamiento sin supervisión, los intentos con cargas máximas, la mala técnica y los accidentes con equipos. Antes de la madurez ósea deben evitarse las pruebas de fuerza máxima.
Muchas personas pueden mantenerse activas y el entrenamiento de fuerza puede mejorar el dolor, la estabilidad y la función diaria. La carrera y la profundidad de la sentadilla deben adaptarse al dolor, la hinchazón, la movilidad y la experiencia previa. Si los síntomas siguen claramente agravados después de la actividad, conviene reducir la carga o elegir ejercicios de menor impacto.
Es un esguince de las estructuras situadas bajo la primera articulación metatarsofalángica causado por una extensión excesiva del dedo gordo. Es frecuente en fútbol, baloncesto y danza y duele al impulsarse, correr o ponerse de puntillas. Las lesiones leves pueden protegerse ajustando la actividad, con vendaje y calzado de suela rígida; la inestabilidad marcada requiere evaluación.
Sí. Puede aparecer después de un esguince importante y causar dolor profundo, hinchazón repetida, bloqueos o dificultad para volver a correr y saltar tras varias semanas. Las lesiones tempranas pueden pasar inadvertidas en las radiografías convencionales y los síntomas persistentes pueden requerir resonancia o tomografía.
Sí. Suele ocurrir al esprintar, chutar o cambiar rápidamente de dirección. El dolor aparece en la cara interna del muslo o la ingle y empeora al juntar las piernas o desplazarse lateralmente. La rehabilitación debe recuperar gradualmente la fuerza de los aductores, el control del tronco y los cambios de dirección, descartando una lesión de cadera o de estrés óseo.
Sí. Suele causar dolor localizado en la cara lateral de la rodilla durante la carrera y puede empeorar al correr cuesta abajo, aumentar bruscamente el kilometraje o flexionar repetidamente la rodilla. El manejo incluye reducir temporalmente la carga, mejorar la fuerza de la cadera y ajustar el entrenamiento y la técnica de carrera.
El dolor y la tensión que aparecen repetidamente tras una distancia o tiempo similares y disminuyen al parar pueden indicar un síndrome compartimental crónico por esfuerzo. También pueden aparecer entumecimiento o debilidad. La valoración debe descartar una fractura por estrés, un problema vascular y un atrapamiento nervioso.
Tras un choque o una caída, hay que suspender la actividad y acudir a urgencias si existe dolor en la línea media del cuello, hormigueo persistente, debilidad de los brazos, marcha inestable, alteraciones de vejiga o intestino o dolor intenso de cabeza y cuello. No se debe girar, traccionar ni masajear el cuello en el lugar del accidente.